Ven,
acércate a mí en ese instante en que caiga tras las montañas el sol… deja que
mis manos se deslicen como el viento por tu piel… apaguemos el mundo y
pregonemos en murmullos nuestro amor, no preguntes si la noche acabará y lo
nuestro sin motivo alguno a de terminar… mírame a los ojos no te podría mentir,
mírame sin temores que de seguro, lo aseguro que mañana te amaré….
Apaguemos
el mundo y busquemos el arte de amar y prueba mis besos, que por mi parte
probaré tu existencia… caminarán mis ojos por tus curvas admirando sin premura cada detalle,
cada pequita, cada pedacito de tu piel, arrebata mis vestiduras que yo arrebataré
tus tristezas… ahora bien cierra los ojos mi niña, déjame sentir tu respiración
al paso de mis caricias que como el
pianista al piano hace fluir sin fin de melodías.
Y no
temas del qué dirán olvida los segundos y terceros y vive lo único, lo primero,
que en esta noche arderá el eterno matiz de tu primera vez…
Dejemos
que la noche se haga eterna, dejemos que nuestros cuerpos dancen al vaivén del
momento, del mágico momento y apaguemos el mundo… que sé muy bien solo el
lucero de la noche atestiguará el clímax que emerge de ti y de mí.
Rompamos
las mentiras y construyamos las verdades, pero qué mas verdad que el amor que
por ti siento… mírame una vez más y aférrate a mi cuerpo que temblando sin
cesar pretende convencerte que en esta eterna noche te mamaré y en la mañana también
lo haré…
Apaguemos
el mundo y déjame amarte mil veces más.
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