6:45 am, después de una noche de total insomnio y al emprender el recorrido al ranchito en el que descansa mi cuerpo, mi mente como siempre sin quedarse quieta aun sabiendo que anhelaba pegar los ojos por algunas horas... empieza a dibujar escenas que... con justa razón me hacen sonreír moderadamente.
Año 2006 principios de diciembre clima perfecto en aquel pueblo que extraño, había acabado de tomarme la (aguapanelita) diaria, como era de costumbre. Realmente no recuerdo la hora exacta, no es lo importante, me levante con flojera esa mañana y como siempre puse música de fondo, una que otra de los enanitos verdes, hombres G, los prisioneros entre otros. Salí como decía mi viejo (a alimentar la vista) los colectivos vacíos pasaban cada 15 o 20 minutos, sin importancia, pero... de repente los cabellos dorados del sol como le digo a los rayos, se hicieron paso a las nubes que avisaban tal vez una pequeña llovizna y se posaron sobre aquella hermosa y tímida princesita que paso a ser causante de mis desvelos.
Caminaba un poco insegura, y al lado de la deteriorada carretera miraba lado a lado hasta cerciorarse de que ningún vehículo se avecinara. notó que alguien la miraba y su pasos tomaron una carrerita hasta doblar la esquina. de regreso la saludé más sonrió y pego la carrerita nuevamente, hasta perderse en el camino a su casa.
Que casualidad era hermana de uno de mis amigos, tan solo era un niño, pero avispado si era... fue mi cómplice, gracias a ese pequeño logré hablar con tan hermosa princesa de ojos brillantes como dos luceros en medio de la noche.
De vez en cuando hablábamos y yo por mi parte sin perder el tiempo le hacia saber que sin ella saberlo había empezado a formar parte de cada uno de mis latidos, de mis pensamientos, de mis sueños... de mi vida, se sonrojaba cada vez que se lo recordaba pero siendo sincero sentía que el sentimiento era correspondido.
Pero la ruleta de la vida me dio una jugada que no esperaba, puso entre ella y yo mi peor enemiga, la distancia, ésta que maldigo a diario... que con sus kilómetros como collares con espinas los amarró en la vida mía y en la de aquella princesa a quien quise y quiero como el primer día.
Y aquí me encuentro pensándola, dibujando su rostro lleno de inocencia entre mis pensamientos, intentando reprimir en vano esas lágrimas que mojan y queman cada minuto, cada segundo, el aire se torna denso y solo me queda desahogar mi pecho dejando correr por mis mejillas mi llanto y susurrar su nombre que que se disipa por todo el lugar dejando un vació tras él un silencio y un te extraño inevitable. arrepintiéndome de haber tomado camino lejos de ella.
y viendo a color la última vez que mis ojos la contemplaron aquella noche en que un silencio fue la despedida en el que faltó ese beso y ese abrazo que jamas pude darle y que ahora se lo doy a mi almohada. Pidiendo, rogando que el destino si es que existe me de la oportunidad de hacerlo pero no como una despedida sino como un encuentro... sigo esperando y esperando una y otra vez ese día....
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